14/2/10

Recordando nuestro encuentro

Él regresaba en el autobús con el sabor de su saliva aún en los labios. Miraba por la ventana las calles iluminadas, los jardines de los parques de esa gran vía, mientras sonaba, justo, una afligida canción de Michael Bublé; Home, que cierta vez ella le dedicó. Él intentaba bloquear sus pensamientos, mantener la mente en vacío y sus sueños rotos en un limbo. Un guiño de ella era su última imagen. El olor agridulce del perfume era el rezago de su aroma. Su voz ronca la resaca de sus palabras. Una gota grande y gruesa cayó sobre sus zapatillas. No estaba lloviendo dentro del autobús.

Primera cita:

Ella estaba con una larga polera blanca pero ceñida, unos pantalones ajustados negros y unas botas altas de cuero. Su pelo suelto y su cerquillo infinito estaban perfectamente desordenados como siempre. Apenas él la encontró, la abrazó con fuerza y ella solo le palmoteó suavemente la espalda. Él le ofreció ir por unas cervezas al grifo cercano, de las que ella solo tomó una. Ella fumó un cigarro y él diez.

Segunda cita:

Ella estaba con un polo verde, unos jeans rotos y sus clásicas zapatillas All Star' rojas. Él apenas la vio, corrió y la abrazó inmensamente. Venía en bicicleta. Ella le respondió con un beso suave en la mejilla. Él quería perderse por ese gran distrito y tener un almuerzo que termine en una cena. Ella no tenía tiempo. Solo podía estar un par de horas con él. Finalmente, fueron a un lugar que no era cualquier sitio. Era donde se conocieron. Se sentaron. Él tomó mucho vino y ella solo un poco de agua. Él comió pastas y ella no tenía apetito.

Él le quería tomar un par de fotos y ellas las evitaba. Él le robó una sonrisa en una sola fotografía, era bueno. Él pagó la cuenta y ella propuso caminar. Él no la tocaba y ella lo tomaba del brazo cada vez que cruzaban una calle. Él ya no sabía a dónde más ir y ella le invitó un helado. En la cola de la caja, ella se apoyó en su pecho. Él la tomó de los hombros y la abrazó con fuerza. Ella cerró los ojos y anheló.

Ella hizo una mueca y él le sonrío. Ella camino rápido y él la cargó. Cuando se despidieron, él la abrazo con fuerza y ella aún con más fuerza. Ella le quiso indicar un lugar que le gustaba mucho y él se burló apuntando en dirección contraria. Ella se fue en bus y él en su bicicleta.

Tercera cita:

Ella estaba absolutamente bonita. Su cabello estaba más lacio que nunca. Sus ojos con un ligero delineador negro. Una chompa de hilo rosa, un pantalón marrón ajustado y una cartera marrón pequeña como ella. Él se puso feliz al verla y la abrazó suavemente. Ella posó su cabeza sobre su hombro por un instante largo. Ella se sonrojó cuando él le dijo que estaba hermosa. Ella le propuso ir al cine y él le dijo para después ir a tomar unas cervezas. Él le enseñó sus fotos de su cámara, mientras ella pasaba su mentón en sus manos. Él le acarició la cabeza. Ella lo miró y pestañeó muy lento.

Él le propuso ser novios. Ella le dijo que eso no se preguntaba. Él se puso triste y ella lo besó apaciblemente en la boca. Ambos se fueron de la mano al cine. Luego de sentarse en las butacas y que apagaran la luz, ambos se besaron con ímpetu y pasión. Ambos se abrazaron. Ambos lloraron. Él le dijo que la extrañaba. Ella le confesó que se arrepintió en dejarlo. Él le dijo que aún la quería y ella que todavía lo amaba.

Ella dijo que no debían despedirse. Él la dejó ir en un taxi. Ella lloró en silencio en el asiento trasero. Él se tragó su llanto en el asiento de un autobús.

Escrito por: Duende Irlandés.

25/1/10

Zapatos que pesan

Era sábado por la mañana, cuando me levanté contento, pues había quedado en reunirme con mis amigos de siempre para ir a Miraflores en la tarde, y “fotografiar la vida” (así suelo decirle a las tardes de fotos); apenas entre al messenger - vamos de todas maneras- dijo uno de ellos; otro me canceló explicando que tenía mucho trabajo, y el tercero y último (el que no está acostumbrado a “inmortalizar” lugares ni momentos) me dijo que también iría de todas maneras y me preguntó la hora y el lugar, entonces le indiqué que nos encontraríamos a las 4:00pm en “algún cruce de Sucre”; luego de esto me despedí y fui a hacer algunas cosas que debía hacer antes de almuerzo.

Me dieron las 3:55pm y decidí salir al encuentro de ellos en el lugar fijado; aproximadamente a las 4:15pm estábamos los tres reunidos y fuimos a un restaurante de comida oriental donde uno de ellos almorzó pues de tanto trabajo no tuvo tiempo de hacerlo. Al término de esto nos dirigimos a Miraflores donde nos divertimos, tomamos fotos, bromeamos y pasamos momentos “de patas”. Uno de ellos, al que llamaremos “él”, nos comentó que había terminado un día antes su relación amorosa, pero que pensaba volver - MÁS QUE UN TERMINO ES UNA MANERA DE DARLE UNA LECCIÓN, ¡¡PA’ Q APRENDA!! - fueron sus palabras, entendí en parte lo que me quiso decir; y seguimos caminando en búsqueda de un lugar donde podríamos tomar buenas fotos. Al encontrarlo, nos sentamos y mientras fotografiábamos sonó el celular de “él” (era su ex a la que llamaremos “Chu...”). Al finalizar la corta llamada lo notamos un poco extraño, más que todo preocupado porque “Chu…” le había pedido verse a las 7pm. Al escuchar esto me sorprendí y le dije - ¿NO CREO QUE VAYAS, NO? - Y me respondió que no. pero en un tono no muy convincente. Fue allí donde mi otro amigo nos ofreció ir a un tonazo (se equivocó, pues no era tono) en un distrito poco alejado, y después de escucharlo, decidimos ir. Rato más tarde suena de nuevo el mismo celular pero esta vez era una amiga de “Chu…” y tan solo quería verificar si “él” estaba con sus amigos (cosa que me parecio TERRIBLE). Rato más tarde, los tres quedamos en encontrarnos en el mismo “cruce de sucre” a las 10:00pm; fuimos a tomar el carro de regreso a nuestras casas, cuando en el camino ofrecí a “él” acompañarme a mi casa para que no fuera hasta la suya, y aceptó.

Ya en mi casa entró a mi laptop, y apenas me fui a comer entró a su messenger (como si ocultara algo) pero bueno lo dejé normal. Al terminar de alistarme le dije que ya eran casi las 10:00pm y que vayamos yendo al encuentro de nuestro otro amigo; antes de salir me pidió prestado el baño y justo cuando entraba sonó nuevamente su celular. Entró al baño y no salió en aproximadamente 20 minutos. ¿La razón? Pues hablaba con “Chu…” dentro del baño para que nadie lo escuchara. Salimos a tomar el taxi y en el camino me comento que “Chu…” le había dicho q era anticuado y que no sabía bailar - HOY LE DEMOSTRARE LO CONTRARIO, BAILARÉ, TOMARÉ PARA QUE DESPUÉS NO HABLE TONTERÍAS, AHORA VA A VER JAJAJA - dijo “él”. ¿La verdad? No le creía nadita, pues nunca lo hace, yme comentó que “Chu…” también nos daría el encuentro en “algún cruce de sucre” (ella vive relativamente lejos) pues solo quería un préstamo de dinero (gran mentira a mi parecer porque “él” no tenía mucho dinero en el bolsillo y nunca se aproximó al banco … solo era una excusa para no quedar mal) que la atendía y la embarcaba en 15 minutos a lo mucho - ESO ESPERO, PORQUE SI NO SERÍA EL COLMO CONTIGO, ANDAS DE PISADO NADA MÁS - fueron mis palabras y me dijo q no sabía nada y que no era pisado por ningún lado y que tenía todo bajo control. Al llegar al punto de encuentro bajamos del taxi y nuestro otro amigo nos saludó nuevamente, al verlo le conté que “Chu…” estaba en la misma avenida, pero al frente y él, al igual que yo cuando escuché esto, quedó muy sorprendido y en parte decepcionado de “él”, pero confiado en que nos acompañaría a la reunión tal como había prometido en Miraflores, le dijo que tenía hasta cerca de las 10:45pm (eran casi 10:15pm) si quería, cosa que llegábamos cerca de las 12:00m a la reu - SOBRADAZO - dijo “él”; cruzamos los tres, “él” fue al encuentro de “Chu…” y mi otro amigo y yo nos quedamos cerca de ellos mirando la INCÓMODA y DOMINANTE cara de “Chu…”. Cerca de las 10:45pm llamó aquel compañero que no nos pudo acompañar a Miraflores y después de contarle los planes que teníamos para la noche me dijo que en 10 minutos estaba en “algún cruce de Sucre”; y así fue. Cuando llegó el cuarto amigo (éramos los tres que fuimos Miraflores más este que se nos unió) “el” seguía parado sin moverse, hablando (o más bien discutiendo diría yo) con “Chu..” en plena avenida.

Hartos de esperar nos acercamos a la “pareja dispareja” y le dijimos a “él” que ya nos teníamos que ir - OK YA TERMINO - nos dijo; comprendiendo su falta de carácter, nos alejamos nuevamente y decidimos esperarlos en el poste más cercano; dieron las 11:20pm y él solo había cruzado como para embarcar a “Chu…” pero dejaban que los carros pasaran uno tras otro y “él” ni por educación o consideración nos miraba para tranquilizarnos. Cerca de las 11:45pm mis amigos estaban con ganas de irse y dejarlo conversando ya que sus “15 minutos” se convirtieron fresca y desconsideradamente en una hora y media. Nuestras caras cambiaron y yo estaba reventando por la ridiculez de “Chu…” de ser tan imprudente de malograr un momento con sus patas y con “él” obviamente por ser asquerosamente ¡¡PISADO!! y dársela del que manda en su relación, cuando a leguas se nota que no es así. Al ver la hora tan avanzada decidí acercarme por última vez a “él” y decirle que o se despide o se queda… después de mirarme con cara de desconcierto - PUXA OE, ESTE MEJOR ME QUEDO - fue su respuesta; honestamente me sobraban ganas de agarrarlo a puñetes pero me controlé solo porque estábamos en la vía pública; - ¡¡OTRO DÍA AVISA PUES… PISADAZO!! - fue la última frase que le dije. Me acerqué donde me esperaban mis dos amigos (porque a “Él” no creo que se le pueda llamar amigo después de su desconsideración) y al contarle la respuesta que me dio “él” y no podían creerlo, se sorprendieron enormemente y los tres con ganas de matarlo decidimos tomar un taxi e ir a relajarnos a la reunión.

¿Qué pasó con él?, al día siguiente hablando con un buen brother de su universidad me contó que minutos antes de la medianoche “él” lo había llamado para contarle que había terminado definitivamente con “Chu…” y que tenía ganas de tomar y bailar, pero el brother de su universidad lo canceló; que lástima, “Chu…” solo quería arruinarle la noche, pues al ver que nos fuimos en el taxi, ella también decidió ir a la casa de su amiga y divertirse dejando así a ese ser sin orgullo ni dignidad al que llamamos “él” completamente SOLO y sin planes … es la historia de un PISADO y de ZAPATOS QUE PESAN.

Escrito por: M. T.
P.D. Bastante tiempo que no se publicaba pero la intención de M.T. lo amerita y así será en adelante.

9/10/09

Llegamos a un acuerdo común

Faltando dos días para que sean un par los meses que no escribo, debí sentirme bastante confuso y atascado en un hoyo del cual quise salir.

Pero no era una chica cualquiera quien estuvo cerca de mí en estos meses que pasaron. Era a quien yo amé con todo mi ser. Erás tú, D. La niña de mis ojos. ¡Te adoraba chata! Quisiera pedirle explicaciones a mis sentimientos, pero no me los da. Por más que insisto repreguntándome, las respuestas nunca llegan. Solo mi razón me indica que no puedo quererte como antes, como quieres. Ahora imagino que no debes creerme nada. Ni lo que como. Es que, me lo gané. Debes sentirse totalmente decepcionada, al igual que yo de ti. Pero la diferencia es que yo actué para lograr que sientas odio. Era necesario que te alejes. Tú sabes que no soy para ti.

Hoy hubieramos cumplido un mes. Un mes de recobrar todo ese tiempo perdido. Todo ese tiempo que yo adoraba regresar contigo. Pero no. Nunca quisiste. Me pintaste con colores que no existen y, nunca te reclamé nada. Hiciste sentir que ese amor que sentía por ti, no te lo merecías. Que era solo un juego donde gana el más fuerte.

Y si amor sentiste por mi, nunca hubiéramos terminado. Nunca. Ni hubieras pensado armar una relación con alguien. Ni de curiosidad. Porque amar es guardarse para alguien.

Te conosco más de cuatro años. Por qué permitiste tanta huevada. Que ensucien lo que andabamos haciendo. Solo cuestiónate. No te reprocho. Siempre te hice ver cada cosa, que hoy te diste cuenta, pero para mi es tarde.

Tanto imbécil que te hace creer ser tu amigo. Y cuando tarde reaccionas por todo el tiempo en escucharlo, sólo ganaste pasos de alejamientos hacia mi. Cúantos pasos ganaste. Te alejaste kilómetros. Tantos que nunca pudiste alcanzarme por más que intentaste.

De algo que no olvidaré de ti, es tu arrepentimiento. Por eso no dudé en pedir que volviéramos. Amé todo ese tiempo que andé contigo. Me encanta andar contigo. Eres más que mi mitad. Y de tu valor para vencer ese orgullo que quise derrocar. Aprendí a cuestionarme más. De lo cruel que fui. De lo tan humano que soy. Que fuiste más que una idiota por confundirte tanto, que esa inestabilidad te hizo perderme. Pero que sin eso, no hubieras recobrado vida a tu corazón. Porque tu corazón latía a mil cuando me veías.

Y si ahora no cruzamos miradas, pasos ni palabras es porque no existe nada. Hicimos que todo desaparezca. Y a mí me duele el alma. Hoy estuve pensando tanto en ti. En lo cobarde que eres. En lo idiota que soy. Porque a pesar de todo es sentimiento único que no sentiremos por nadie, no luchamos por continuar, porque lo mejor estaba por venir.

Nueve, del nueve del nueve. Cómo no recordar. Como también la primera vez que te besé. La primera vez cuando fuiste mía. Cuando te dije para ser más que enamorados.

11/8/09

Tiempo de vernos (II)

Pensé llegar a café “La Máquina” en Alcanfores pero nos perdimos. Ya había ido varias veces allí por diferentes rutas, pero esta vez no supe como llegar. Le hice caminar demás. En cada esquina me preguntaba, con esa voz cándida que tanto me gusta, si estábamos cerca. Sí lo estábamos pero el enredo de calles y joyerías me atarantaron. Si que fue un pequeño tropiezo. La angustia.

Sin modo de encontrar aquel local, me propuso buscar algún café del Kennedy. Llegamos a uno donde las mesitas están cerca a la vereda, con toldo y lámpara de vela en cada tablerito. Un lugar de poca iluminación y tranquilo.

Para mi un café, y ella un jugo helado. Prendo un cigarro y la miro. Me sonríe. Hermosa como la luna. Vital verla. Imprescindible quererla. Me encantó desde la primera vez que nos vimos. Y ahora, estaba otra vez conmigo de manera diferente como una amiga y, no como la chica a quien abrazaba al caminar, a quien besaba con fervor.

Tomaba su juguito risueñamente. Jugaba con la cañita. Yo prendía un cigarro más. Aun no hablábamos de nosotros. Solo de estudios, música, planes y bla bla bla… La miraba fijamente. Mis ojos le decían que la extrañaba. Se ponía rojita. Tiernamente nerviosa. Y le pregunté lo que me dijo, eso de “es raro verte”.

Cogió la envoltura de la cañita. Jugaba con él. Miraba como jugaba. Aún más nerviosita. Y me dijo: “es que te veo como… como el chico con quien salía y por eso me es raro verte. Así. Ahora”. Además agregó que todo había sido muy rápido. Intenso. No pensó hacer todo lo hecho conmigo.

Entendí su lenguaje. Sus palabras. No le dije que aun me importaba. Que había pensado mucho en ella. Que estoy feliz por haberla conocido. Que aunque la primera vez que nos vimos no cruzamos palabras, habíamos dejado estigmas de que nos necesitábamos. Que ese segundo encuentro en Onuba fue porque destinábamos a reencontrarnos lo más pronto posible. Que nunca estuve tan nervioso de besar a una chica. Que sus besos son lo más ricos del mundo. Que daría todo de mi por ella. Que la quiero mucho.

Salimos del café. Prendimos esta vez un cigarro cada uno. Ella quería unos alfajores. Probé un par. Caminamos un poco. Nos sentamos cerca donde señores jugaban ajedrez. Pusimos un poco de música de mi celular. El frío era intenso. Me pidió caminar. Compré más cigarros. Le había dicho que fume solo uno. Fumó cinco. Luego, la acompañé a Larcomar. Su amiga la esperaba.

Yo espero verte otra vez.

3/8/09

Tiempo de vernos (I)

No sabía que aun dormía. Escuché su voz tenue, de recién despertarse. Sin querer interrumpí sus sueños siendo casi mediodía. Sentí nervios cuando contestó el celular. Más un poco de culpa cuando me dijo que la había despertado. Pedí disculpas del caso. Ella, como siempre tan dulce, con esa voz frágil y enigmática dijo que no era nada. Sentí menos culpabilidad. A nadie le agradaría que le quiten el sueño.

Tenía que recoger una constancia en la universidad ese día en la tarde y luego, pensé visitar a “A”. Eran exactamente dos meses que no sabíamos nada de nosotros. Aunque nos habíamos cruzado un par de veces. Algo rápido. Cuando fui a su casa para tomar con su primo, y la otra dejarle el disco de Gaia que me había prestado.

Le hice saber que en la tarde estaría en la facultad, cerca de su casa, y que podía verla después. Se quedó callada. Yo también. ¿Qué le podía decir ante su silencio? El sigilo aumentaba. Pensaba en lo torpe que había sido por la forma de habérselo dicho. Aún no decía nada. Calculé cerca de 10 segundos. Demasiado. Asfixiaban. Excesivos para una respuesta de dos alternativas. Si o no. Y dijo: “es raro verte”.

Esas tres palabras me dejaron atónito. ¿Qué significarían esas palabras para ella? ¿Qué me querría decir con eso? Pensé en quizás una nueva forma leve de decir; no te quiero ver. Un “no” más suavecito. Sin tanto dolor. Con menos roche. Menos arroz. Después de esas palabras, intercambiamos unas cuántas más sin sentido y que no recuerdo. Un “me llamas luego” fue lo último. Colgué.

Cerca de las cinco, en Surquillo, marqué nuevamente su número. Me dijo que estaba lista, que podía ir por ella.

A pasos de su casa, empecé a timbrar su celular. Modo que habíamos acostumbrado desde nuestras primeras salidas. Y llegó desde la derecha, de rojo. Venía de la tiendita del lado. Se acercó. Me saludó. Me miró como siempre. Como la primera vez. De la misma forma cuando me dijo que le gustaba. La manera más sencilla para cautivarme. Me pidió unos minutos. Tiempo para entrar a su casa, ponerse una chaqueta más abrigadora.
En camino a Miraflores, sentí la sensación de ese “dar un tiempo” que a veces se piden las parejitas para poner en orden sus sentimientos. Ella no me lo había pedido – me dio a entender lo que quería para nosotros – pero conscientemente por ambas partes nos los habíamos dado. A mi parecer, en 60 días sin haber hecho nada por los dos y cada uno por su lado, ese “tiempo” había servido para darme cuenta si fue una mera ilusión empezar una relación que duró poco más de un mes y que quedaba ahí o es con ella con quien quiero andar agarrados de las manos. Dándole mi calor. Protegiéndola. Ir hacia la luz. Al infinito. Andar descalzo.

24/7/09

¿Subo a la combi para ir?

Estoy complicándome de algo que para ustedes puede ser más que sencillo. Hoy es cumpleaños de “D”, mi ex. A quien he dedicado varias líneas en algunos post anteriores. Hace 15 minutos que acabo de mandarle un mensaje de texto saludándola. Sí, un simple mensaje de texto. ¿Llamarla?, no lo sé. Ayer lo hice cuando se encontraba haciendo compras en Miraflores. Lo hice porque despiadadamente - sin avisar - me vino la melancolía y sentí que la extrañaba más que nunca. Y es lo que trato de responderme, el por qué sentí esa gran nostalgia.

Habiendo aclarado todo hace unos días, el decir “no” me hizo sentir el peso de la culpabilidad, y a la vez, de la sinceridad. Por otro lado, la decisión fue para no hacer más daño a futuro fomentando - paradójicamente - ilusiones. Siendo ella una mujer especial, con quien haría y daría todo, cuando se toma una decisión debería (debe) ser irrevocable. No fue fácil decidir. Nada.

Hace casi un mes que fue mi cumpleaños. Para esas fechas le había dado vagas ideas de que no me sentía decidido para regresar con ella. Pero, sí sabía que di a entender mi negación para volver. El mes pasado, sorpresivamente llegó a mi casa con un regalo y, se quedó celebrando mi onomástico hasta el día siguiente. Esa noche sin ella no hubiera sido la misma.

Ahora (parece) me toca hacerlo. Aún es temprano, y no sé quehacer. Ir o quedarme aquí sentado frente a la PC complicándome taradamente. No quisiera arruinar este día. Tú día.

¿Qué debe hacer un ex para un día como hoy? ¿Me complico, no?

19/7/09

Había pasado toda la tarde con “D”. Ella me propuso - en pocas palabras a través de su llamada – una cita y sin opción de rechazo. Nuestra relación había terminado hace muchos meses. Durante todo el tiempo vínculo post enamorados, habíamos tenido una ligadura de vaivenes. Llenos de acercamientos y alejamientos. Nunca dejamos de querernos. Seducirnos. Buscarnos. Nos distanciábamos por subterfugios que quedan en cada uno. Siempre ocurría algo en D, sus temores de regresar y equivocarnos en lo mismo por más que lo intenté. Pasado todo ese tiempo de miedos por su parte – pues le tomó muchos (demasiados) meses; en este periodo, es ahora ella quién está más decidida que nunca en regresar, y yo, disipado en mi atrevimiento hermético contradictorio. Tomar otro camino.

Es tan difícil de explicar cómo, cuándo y por qué cambian los sentimientos hacia la persona a quién querías con todo tu ser. Cuando dejas de sentir lo mismo. Cuando el afecto no es el de antes, aun cuando sabes que la amas pero no de la misma forma. Cuando te gusta pero no igual, como cuando te traía loco. Quizás sea el tiempo, pero hay otro motivo más el cuál no sé aun. Sería mentirme que cuando aun la veo, mi cuerpo y corazón me reclaman por ella. Pero la razón se apodera de uno. Cuando se empieza a pensar en otra persona. En “A”.

Tengo un sentimiento especial a “A”. Quien conocí poco menos de tres meses. Que me aprisionó desde la primera vez que la vi. El impacto fue tanto que no dudo estar embelesado por ella. Tuvimos una corta relación, esas quien todos llaman salidas, con agarres y algunos fragmentos más. Fue un mes intenso, rápido como me dijo ella. Las intenciones fueron de ambas partes, lo habíamos tomado como lapso de conocernos. Nos cautivábamos profusamente. Pero, faltó algo. Algo que ella ni yo hemos tratado de declarar. Sentados, cerca de su casa, más que decisión suya que mía optamos por dejar de dar pasos hacia delante.

“A” intervino en un momento que nunca esperé. En tiempos que un antiguo amor (“D”) había declinado la pasión que sentía por ella. La ilusión por mantener intacta la burbuja perenne del mutuo amor. Apareció para narcotizarme con su existencia.

Aún, desde ese día disyuntivo, hemos respetado e ir cada uno con lo suyo. A veces pienso en ella pero tampoco trato de corroerme. No ha dejado de gustarme. Aun no he tratado de hacer algo.

Ya poco más de las ocho y de comer algo breve con “D”, me fui a casa. Acostumbrado a no hacer planes para un fin de semana, pensé que me quedaría viendo algún programa. Eran cerca de las nueve y suena mi móvil. Era José Carlos (El Pitbull).
- Háblame…
- Oe, estoy acá en mi jato con Daniel y Paul… bajamos a tu jato en un toque.
Antes de que le diga cómo es la nota, colgó.

Llegaron cuando aun estaba bañándome. No les hice esperar más de la cuenta. Me puse una camisa - que parece que fuera la misma porque la mayoría son negras – y, salí a la sala donde estaban esperándome.

Les dije que Luis (Fumón) tenía un tonazo en Los Olivos. Que podíamos ir y que ese era el point. Que unas amigas que trabajaban con él, en Monterrico, también irían. Que a pesar de que era lejos, valía la pena. Lo pensaron. Salimos de mi casa.

Camino a casa de Luis, Pitbull suelta un chiste:
- Había un cojito que se fue a un zoológico pe… y que de pronto, se escapa un león de su jaula. Entonces la gente empezó a correr… La gente taba que corría pa todos lados. Y el cojito taba que se quedaba atrás… Entonces una viejita a ver que el cojito se quedaba atrás, empezó a gritar: ¡el cojoo!, ¡el cojooo! Entonces el cojo dice: ¡calla vieja de mierda y deja que el león escoja!
Nos cagamos de risa.

Luis salió de su casa con gorra, casaca adidas y zapatillas negras nike – precisas para una tarde de pichanguita. Le contamos acerca de los planes que habíamos estado pensando. Que podíamos ir a un bar – ya que éramos solo hombres – para emborracharnos, ir a Miraflores y caer en alguna discoteca – sobretodo Producto Peruano por la barra libre -, o por último; ir a cualquier discoteca de la av. De la Marina ya que estábamos a 10 minutos del lugar. Y decidieron por la última opción desterrando todas las demás, incluso cancelando a las chicas que nos esperarían en Los Olivos.

Yo no quería ir a esas discos de San Miguel. No me gustan. Pequeños y sin gracia. Pero estaba con mis brothers, y con ellos para todos lados. El taxi nos cobró cinco lucas y bajamos frente al Tequila Rock.

El experimentado Pitbull – acostumbrado a bajar a esos lares – empezó a pulsear. De aquí para allá. Que en esa (disco) no hay buenas flacas. Que ahí la vez pasada se quedó hasta las seis. Que ahí el dueño lo conoce y que podemos entrar gratis. Que ahí la jarra está dos por 30. Hasta que decidieron por Lukumbé.

Dentro de la disco me sentí perdido. Como siempre suelo quedarme cada vez que entro a una. Más que tonear, me dedico a observar. Chicas solas por ahí esperando que un muchacho le invite un trago. Chicos (buitres) echándole vista a su presa. Formas de zapatear. Ridículos pasos en la pista que suele hacer el cuerpo. Chicas que vienen de a cinco para tomar y bailar entre ellas. Posturas que adoptan la gente por efecto de las luces y el alcohol. Actuaciones que la mayoría hace. Me sirvo un vaso de chela a la mitad del vaso, salud.

Daniel y El Pitbull ya estaban bailando con dos féminas que conocieron en un 2 x 3. Les hacían reír como si fuera algo tan sencillo. Una vueltita. Otra más. Te susurro al oído. Te saco tu fono. Siéntete en confianza. Nos conocemos desde hace mucho. Trato de robarte un beso. Así son ellos.

- Vámonos muchachos que me cagó de sueño. He hecho dos turnos y ya me jalo, quiero jatear; dice Luis.
- Ah ya ps… pero primero una bajada porque me cago de hambre; interviene Daniel.
- Ya fue entonces, otro día será (como si me hubiera gustado estar en esa disco), digo.

Caminamos hasta Sucre. Creo que la garganta se nos había secado de tanto conversar durante el camino y reírnos de las pavadas que hablábamos. Quedamos en comprar unas latas antes de llegar a Bolívar.

En la tienda pedimos tres six pack. Como era el único que fumaba, compre cigarrillos. A dos cuadras nos esperaba tres sangucherías. Optamos por entrar a “de Mamey!”. Como Luis se había pedido una hamburguesa, pedimos dos salchipapas grandes para picar entre los cuatro.

Era una competencia. Todos enfocados a acabarse primero el hot dog. Que tráete el ají o fíjate la cartilla haber si nos pedimos otra cosa – todo para aprovechar y comer más -. Hasta que todo la gracia se nos fue. Encontramos una cucaracha al fondo del plato descartable y pegada a una papa frita.

- ¡Asu brother que fea nota! – Luis.
- ¡Aaala mierda que asco! – Yo.
- ¡Voltéate que buitreo en tu cara! – Paul.
- ¡Ahora ahitá pe, a quién se le ocurrió pa comer salchipapa! – Pitbull.
- ¡Ahorita llamo a la policía! – Daniel.

Pero, lo más desconcertante de la noche, fue que sin ascos Daniel le metió tenedor a una papa que estaba al costado de la cucaracha y se lo metió a la boca. Se nos fue lo picados que estábamos. Reclamamos sin hacer nada de chacota. Nos devolvieron el dinero. Sabíamos que las latas nos quedarían cortas. Ya pensaba en el ron…


(1) Luces

(2) De izq. a der. Karen, Carito, “Daniel”, Darwin, “Pitbull”, “Paul”, “Fumón” y Jason.

(3) Luis tragando en Sucre

(4) Tono "Fin de Ciclo USIL". Aura - Julio 2009.

(5) Salchipapón

(6) Salchipapón con sorpresa.

(7) Cheleando.