17/4/11

Eso es, eso será.

Se ha malogrado la batería de la laptop.

Estoy buscando en el velador la factura para ver qué se puede hacer en la tienda por departamento donde la compré.

Busco en los cajones de etiquetas, boletas y facturas. Nada.

Y entre los pequeños papeles encuentro una carta tuya. No sé que hace ahí cuando todas las cartas están guardadas en una caja de zapatillas.

La leo y pienso, párrafo por párrafo.

Entiendo tu mensaje pero de manera diferente.

Doy razón a las fuerzas que te dabas por volver conmigo. Pero no hablaré de eso, sabes que el tiempo ya pasó y que cada uno está distante y, muy distante del otro.

Me quedaré con algunas frases que necesito ahora y que servirán de mucho. De mucho.

6/4/11

Conocerme - Conocerte

Me acaba de pasar algo hace un más de un par de horas.

Estaba viniéndome de San Isidro en la ruta Javier Prado – La Marina, apunto de bajarme en Sucre, cuando me levanté del asiento cuatro cuadras antes para avanzar hacia la puerta de la couster y sentí que alguien me miraba.

Miro hacia la derecha y sus ojos estaban ahí, apuntando a los míos como dardos. No le quité la mirada y ella fijó los suyos hacia la ventana. Me volví hacia mí y volteé antes de bajar, me volvió a mirar.

¡Baja Sucre!, y me di cuenta que ella también bajaba en ese paradero. Dejé que bajara antes que yo por caballerosidad aunque yo estaba estuve al lado de la puerta.

Me acomodé los audífonos caminando atrás de ella para detenerme en el paradero y tomar el siguiente bus hacia mi casa, y ella se detuvo también ahí. Era obvio que también tomaría mi ruta.

En esa esquina se acomodaba sus largos cabellos castaños y miraba hacia atrás, hacia mí; relajadamente. Y mi curiosidad por conocerla aumentó pero no sabía cómo. Seguía escuchando a Incubus.

Al tercer bus que vino vacío subimos, nos sentamos al fondo y ella delante de mí.

Me preguntaba por qué el juego de miradas y que era el único momento de intentar algo para conocerla.

Pasaban las cuadras y tenía que bajarme. Partí la única y fea hojita de un voucher y le escribí.

Me levanté, le toque el brazo, volteó, me miró y le di la hojita. Me bajé del bus y prendí un cigarrillo.

20/2/11

¿Señal?

Es domingo por la madrugada, exactamente 02:44 y estoy en mi dormitorio con un dolor de cabeza de la juerga que tuve el viernes y que se prolongó hasta el sábado en la mañana.


He dormido toda la tarde con la idea de recuperarme para ir a tonear al Sur con amigos de la universidad y, había calculado despertar a las siete pero me fui de largo, levantándome más de las nueve. Abrí Messenger y los planes del Sur se fueron al tacho, ya era tarde y además estoy corto de plata.

Antes de sentarme a escribir me acerqué al espejo y las marcas que tenía en el labio y debajo ya desaparecieron. Hace dos semanas me salió herpes simple oral, cosa que no me parecía bienvenido. Hay tantos factores del por qué aparecen estas bombitas dolorosas. El stress, las malas noches y la deshidratación son algunas de ellas. Uno lo contrae no por contagio sino por respuesta de qué tu organismo está respondiendo a algo.

Fuera del por qué me haya salido, estas dos semanas y un poco más del tratamiento diario con cremas para eliminarlo, hizo que dejara de frecuentar con las chicas con quienes salía y que además no era un simple estigma en mi boca, era la forma de decirme que debía parar con mi desordenada vida sentimental.

Consciente e inconscientemente he estado de para totalmente todos esos días. Y en esos mismos días he sentido que de cierta manera creció un poquito el feedback con la chica que me gusta. No es algo para decir “guau que comunicación hay ahora con ella” pero esas cosas pequeñitas me gustan.

No sé si yo exista para ella de la forma de que me viera con otros ojos como me gustaría fuera de la relación profesional que hay entre nosotros. Ojala pueda verte en estos días.

15/1/11

Mis abrazos a dónde van

Hoy me levanté con una sensación y la pregunta, qué estoy haciendo con mi vida. Responderme sería pensar en lo laboral, familiar, profesional, etc. Pero como en estos últimos días he estado de parranda, dejé que todo pasara con normalidad.
Saliendo de mi dormitorio me acerqué al tacho de ropa sucia y saqué mi chaqueta. La acerqué a mi nariz y olía a ella, a sexo. Y las imágenes de aquella noche vinieron a mi mente. Todo.

Sentado en la sala con un cigarro y un vaso de agua, me preguntaba cómo me volví una especie de donjuán. De verdad que no lo sé, siempre he sido tímido y siento que lo sigo siendo aunque no como mi etapa escolar. Mayormente no me es fácil adaptarme a nuevos grupos sociales o de amigos, pero cuando ya estoy dentro soy quien hace la chacota y el que arranca risas.

Me puse a pensar lo hecho en el mes pasado y la mitad de este, y en total fueron cinco chicas. Sexo con tres y las demás; besos y toqueteos. Y yo que había pensado parar con estas andanzas, pero nada.

Y sí, desde mediados del anteaño pasado pensé detener todo esto cuando me fijé en una chica ("N") del mismo centro pero no pasó nada. No solo era un gusto sino que con ella no pretendía tener algún affaire, la quería como mi enamorada. Pero solo fueron un par de salidas para conocernos, algunas cruzadas por el patio del local y, pocas y pequeñas conversaciones por Messenger. Mi inconstancia y quizás dejadez hizo que no surja nada.

Aún me sigue gustando pues me atrae pero no estoy pensado si debo hacer algo o quedarme en mi lugar. Era la primera vez que me gustaba una chica en tratar de enamorarla pero no sé hacerlo. Y es que, ya lo dije en anteriores posts que he tenido la suerte de ser correspondido cuando me gusta alguien.

Después de eso, pasaron los meses, cerca de siete u ocho, y vi a una chica del mismo centro que antes no sabía quién era. Me pareció linda, curiosa, dulce, tierna; para mí. Y cada vez que la veía siempre estaba con su celular hablando y hablando, y yo pensaba cómo tenía qué hacer para conocerla.

Por suerte de cosas en común llegué a conocerla pero para mi mala suerte tiene enamorado. Nunca hemos hablado en persona, solo por chat, y aún me sigue gustando. Mi interés no se ha perdido pero no me atrevo a hacer algo por respeto a su relación. Me conozco y con alguien como ella a mi lado no sería quien soy en estos días. Así que ni me atrevo a invitarte una galleta.

El hecho de estar solo es hacer lo que en verdad quiera uno, pero sin hacer daño a nadie; y así soy.
No sé por qué recién te vi y conocí cuando ya terminaba mi etapa en el centro, por qué no fue antes.

11/12/10

Ya pasó (eso creo)...

Nunca estuve detrás de una chica ni sé cortejar. Dicen que soy coqueto pero no me he dado cuenta. No es que sea panudo pero he tenido la suerte de ser correspondido cuando una chica me gusta.

Todo lo anterior lo digo porque me gustó (o me sigue gustando) una chica de mi ex centro. Cuando la vi por primera vez tuve curiosidad de conocerla, y por suerte fue así. Coincidimos en un mismo trabajo que nos mandaron a hacer, y así la conocí.

Después de eso empecé a mandarle algunos (muy pocos) mensajes de texto que ella respondía. Por messenger las conversaciones eran prudentes pero la comunicación seguía. No sabía cómo mantener un lazo mayor y comunicativo, ni cómo enamorarla porque nunca lo he hecho. Y esto es debido a lo que mencioné en el primer párrafo, una suerte dicha de ser correspondido.

Hasta que la llamé e invité a salir. Aceptó. Llegó más de una hora tarde a la cita. No importaba, el hecho es que la tenía frente a mí y los nervios en mis pies.

Pedimos algo de tomar, la conversación no era tan equivalente pero no la pasamos mal. No hubo nada incómodo ni apuros.

En el taxi, rumbo a su casa, quedamos que el fin de semana yo iba a su casa y saldríamos a un lugar bohemio al que ambos no habíamos ido.

Hasta que llegó ese día. Fui a recogerla a su casa, toqué el timbre y nada. Toqué una vez más y otra vez nada. No estaba. Rayos. Me fui hacia la avenida principal jodido y subí al micro. A las dos horas me llega un mensaje de texto explicándome el motivo, me pidió las disculpas del caso y que por ese plantón ella sería quien citaría la próxima vez.

Después de eso, meses después, me la he cruzado un par de veces en el centro, hemos hablado un corto tiempo como si nada y, no le he dicho nada sobre eso; en que quedó que me pasaría la voz.

No importa, ya pasó. Después de eso encuentro en el messenger a "N" y ninguno de los dos da el saludo. Soy muy inconstante cuando me gusta alguien, no sé enamorar y menos cortejar. Quisiera saber como se consigue esa voluntad de estar conquistando mes tras mes cuando te gusta una chica. Pero no soy así... ¡justo acaba de conectarse!

23/8/10

Yala contigo

Estoy sentando en un sillón-cama en mi dormitorio sintiendo el aire frío de esta estación que viene desde la ventana y repasando la cosas que algún momento me dijo una ex.


Haciendo memoria y escuchando Foo Fighters, mi carácter se va apaciguando de a poco. Es que, acabo de confirmar hace un par de horas que aquella chica que compartió su vida conmigo por más de un año ya tiene enamorado. ¿Y a mi qué chucha me importa?



No me interesa. Sé con quién está porque sin tener conocimiento de su vida, los amigos en común aunque uno quiera o no, te darán datos y rumores para ver la reacción o porque te quieren joder la pita.




Y cuando hoy me enteré, sabía que tenía que tomarlo a la ligera, con harto hielo pero no fue así. Le metí un puñete sin que tuviera culpa la mesa del Café y dije dentro de mí: ¡huevona!





En momentos de cursilerías y de (falsas) promesas, uno dice de todo. Y dijiste que no te meterías con nadie de nuestro centro.



No siento nada por ti y espero que tú tampoco por mí. Es mejor.

17/5/10

"N"

Estoy pensándote mucho. Aun recordando tu iluminado rostro de aquella tibia noche. Cuando no supe quehacer. Estar frente a ti era todo un desafío, una aventura por descubrir. Que mirarte es fantasía y querer tocarte una devoción. Y que al despedirme no pude conmigo y menos contigo, y solo dije a medio tono que nos veríamos pronto. Un beso rápido en tu mejilla y ese torpe adiós.

Es que soy así, demasiado imperfecto. Tan humano que no sé cómo llegar a ti. Y a mí solo me queda pensarte, recordarte, tener fotografías en mi mente de tu sonrisa, de tu ortodoxa forma de hablar, de tu pequeña estatura que encandila mi frágil ser.

Debo decirte que eres tú quien me quita el sueño. Quien ilusiona mi corazón. Quien me hace suspirar. Quien hace sentir que mi alma vive y deseé estar junto a la tuya. Que tener tu imagen en mi mente dibuja y colorea mi vida. Que me gustas porque eres así, así de sencilla.

Pero soy tan torpe para enamorar. Tan tímido para acercarme. Tan quebrantable en constancia cuando no sé nada de ti. Y más aun cuando aquel día estuve y tú no estabas. Que por ahora solo prefiero pensarte. Saber que estás tan lejos como cerca. Que desde la primera vez que te vi quería conocerte y que por suerte sucedió.

Anhelo besarte. Abrazarte fortísimo con mis lánguidos brazos. Sentir la temperatura de tu cuerpo. El latido de tu corazón junto al mío. Tener de cerquita tus delgados labios. Verte reír junto a mí. Caminar sin preguntar por dónde. Perdernos una de estas largas noches. Y lo primero, ante todo, que me digas cuando te veré. Es diferente cruzarnos. Y yo estoy en silencio, queriéndote.

20/4/10

No más abril

(En estos días, del año pasado, permití encandilarme con un ángel pálido de cabellos claros, con una sonrisa que cercenó mi pecho, de pecas en el rostro y hombros. Siendo ángel vestía de negro, delgada y de ojos castaños, labios rosas y con piercing en la lengua, hermosa por donde la mirases. Hace un año de ella me enamoré en tiempos de abril. Y que, no supe velar lo que sentíamos).

Desde hace mucho ya no estás. Me soltaste. Te dejé. Nos dejamos ir. Y no sé si era lo mejor. Sé que me necesitaste y no estuve ahí como querías. No supe cómo hacer. Lo sentí mucho, “A”. Y quizás no se pudo porque no éramos para nosotros. O quizás, sí. No lo sé. Quisiera saberlo. Aunque ahora ya no pienso por qué no fue. Ni tampoco, porque no salí más a buscarte y dejé todo a la deriva. Solo me alegra saber que estás bien y, que cada uno va por su camino.

En mis recuerdos estarás siempre. Cuando te conocí en tus veinte abriles y tu belleza me idiotizó, tu vestido carmín de aquella fiesta, nuestro primer beso entre las luces, la única vez que hicimos el amor esa misma noche, nuestras caminatas y tus pequitas preciosas, nuestro gusto por el mismo color, música e ideales, las veces que nos decíamos lo tanto que nos gustábamos, la tarde que me esperaste en mi universidad y me regalaste tu foto, y también aquella noche que detuvo todo cuando me enamoraba más de ti.

Mi vida no hubiera sido la misma si no te hubiera conocido. Hiciste sentirme más que yo. Solo contigo. Por eso y todo, gracias. Gracias por cruzarte en mi vida y permitir que haya entrado a la tuya. Por ser siempre sincera. Por haber sido mi fantasía, mis sueños y realidad. Por ser ahora mi amiga. Porque tendrás los mejores recuerdos míos y los nuestros. Siempre serás especial. Siempre. Lamento nunca haberte dicho que te quiero.

8/3/10

¿Cuánto puedes aguantar?

(Hace un mes)

Lo que uno se pregunta. Lo que entre muchachos nos preguntamos. Lo que nos preguntábamos esa noche entre patas jugando billas. Respuestas que nos dábamos como el “solo un par de meses y eso”, “no, no, yo no paso del mes ni cagando”, “la paja diaria lo soluciona un poco”, “yo no aguanto si paso los dos meses, me vuelvo loco” y el “pucha, yo voy ya ocho meses y nada”.

Y, no es que a ese joven que va ocho meses ganas le falten. Le sobran. La cara de estúpido y aguantadito, lo delata. Tampoco podría describir tanto su rostro aunque lo conozco desde tercero de primaria. Es el menos expresivo de nosotros cuatro. El más callado. El introvertido.

Enamorada tiene. No es que sea primerizo. Con su ex, seis años mayor que él, lo ha tenido. Pero con la actual está en nada.

Nosotros nos burlábamos de él. De los tantos meses sin tener sexo. Que era todo un héroe. Un mártir. Que faltaba un mes para dar a luz. Que nos daba vergüenza que ande con nosotros. Todo un huevón.

(Anteayer)

Pensando y analizando nosotros quehacer, entramos otra vez al tema. Sucede que nos sorprendió quien iba “ocho meses”. Ya estaba “al día”. Iba cuatro en una semana. Cuatro veces. Cuatro, cuando para nosotros tres estamos de “para”. Y de “para” por razones que vienen en el camino.

El primero; porque se ha peleado con su enamorada y mínimo dos meses lo dejará sin que tengan sexo, ese es su castigo, condena que ya tuvo que pasar antes.

El segundo; porque se fijó en una chica que empieza a quitarle el sueño y aunque han tratado poco, quiere acercarse más a ella y eso implica no revuelcos ni besuqueos con otras.

Y el tercero; aunque estando solo más de un año y medio y, teniendo affeirs de vez en cuando, ahora está quieto con sus hormonas y solo piensa dar todo de sí a sus estudios y el trabajo.

Siendo la razón cual sea que tengas; tú, siendo chica o chico; ¿cuánto puedes aguantar?

Escrito por: Bruno.

14/2/10

Recordando nuestro encuentro

Él regresaba en el autobús con el sabor de su saliva aún en los labios. Miraba por la ventana las calles iluminadas, los jardines de los parques de esa gran vía, mientras sonaba, justo, una afligida canción de Michael Bublé; Home, que cierta vez ella le dedicó. Él intentaba bloquear sus pensamientos, mantener la mente en vacío y sus sueños rotos en un limbo. Un guiño de ella era su última imagen. El olor agridulce del perfume era el rezago de su aroma. Su voz ronca la resaca de sus palabras. Una gota grande y gruesa cayó sobre sus zapatillas. No estaba lloviendo dentro del autobús.

Primera cita:

Ella estaba con una larga polera blanca pero ceñida, unos pantalones ajustados negros y unas botas altas de cuero. Su pelo suelto y su cerquillo infinito estaban perfectamente desordenados como siempre. Apenas él la encontró, la abrazó con fuerza y ella solo le palmoteó suavemente la espalda. Él le ofreció ir por unas cervezas al grifo cercano, de las que ella solo tomó una. Ella fumó un cigarro y él diez.

Segunda cita:

Ella estaba con un polo verde, unos jeans rotos y sus clásicas zapatillas All Star' rojas. Él apenas la vio, corrió y la abrazó inmensamente. Venía en bicicleta. Ella le respondió con un beso suave en la mejilla. Él quería perderse por ese gran distrito y tener un almuerzo que termine en una cena. Ella no tenía tiempo. Solo podía estar un par de horas con él. Finalmente, fueron a un lugar que no era cualquier sitio. Era donde se conocieron. Se sentaron. Él tomó mucho vino y ella solo un poco de agua. Él comió pastas y ella no tenía apetito.

Él le quería tomar un par de fotos y ellas las evitaba. Él le robó una sonrisa en una sola fotografía, era bueno. Él pagó la cuenta y ella propuso caminar. Él no la tocaba y ella lo tomaba del brazo cada vez que cruzaban una calle. Él ya no sabía a dónde más ir y ella le invitó un helado. En la cola de la caja, ella se apoyó en su pecho. Él la tomó de los hombros y la abrazó con fuerza. Ella cerró los ojos y anheló.

Ella hizo una mueca y él le sonrío. Ella camino rápido y él la cargó. Cuando se despidieron, él la abrazo con fuerza y ella aún con más fuerza. Ella le quiso indicar un lugar que le gustaba mucho y él se burló apuntando en dirección contraria. Ella se fue en bus y él en su bicicleta.

Tercera cita:

Ella estaba absolutamente bonita. Su cabello estaba más lacio que nunca. Sus ojos con un ligero delineador negro. Una chompa de hilo rosa, un pantalón marrón ajustado y una cartera marrón pequeña como ella. Él se puso feliz al verla y la abrazó suavemente. Ella posó su cabeza sobre su hombro por un instante largo. Ella se sonrojó cuando él le dijo que estaba hermosa. Ella le propuso ir al cine y él le dijo para después ir a tomar unas cervezas. Él le enseñó sus fotos de su cámara, mientras ella pasaba su mentón en sus manos. Él le acarició la cabeza. Ella lo miró y pestañeó muy lento.

Él le propuso ser novios. Ella le dijo que eso no se preguntaba. Él se puso triste y ella lo besó apaciblemente en la boca. Ambos se fueron de la mano al cine. Luego de sentarse en las butacas y que apagaran la luz, ambos se besaron con ímpetu y pasión. Ambos se abrazaron. Ambos lloraron. Él le dijo que la extrañaba. Ella le confesó que se arrepintió en dejarlo. Él le dijo que aún la quería y ella que todavía lo amaba.

Ella dijo que no debían despedirse. Él la dejó ir en un taxi. Ella lloró en silencio en el asiento trasero. Él se tragó su llanto en el asiento de un autobús.

Escrito por: Duende Irlandés.

25/1/10

Zapatos que pesan

Era sábado por la mañana, cuando me levanté contento, pues había quedado en reunirme con mis amigos de siempre para ir a Miraflores en la tarde, y “fotografiar la vida” (así suelo decirle a las tardes de fotos); apenas entre al messenger - vamos de todas maneras- dijo uno de ellos; otro me canceló explicando que tenía mucho trabajo, y el tercero y último (el que no está acostumbrado a “inmortalizar” lugares ni momentos) me dijo que también iría de todas maneras y me preguntó la hora y el lugar, entonces le indiqué que nos encontraríamos a las 4:00pm en “algún cruce de Sucre”; luego de esto me despedí y fui a hacer algunas cosas que debía hacer antes de almuerzo.

Me dieron las 3:55pm y decidí salir al encuentro de ellos en el lugar fijado; aproximadamente a las 4:15pm estábamos los tres reunidos y fuimos a un restaurante de comida oriental donde uno de ellos almorzó pues de tanto trabajo no tuvo tiempo de hacerlo. Al término de esto nos dirigimos a Miraflores donde nos divertimos, tomamos fotos, bromeamos y pasamos momentos “de patas”. Uno de ellos, al que llamaremos “él”, nos comentó que había terminado un día antes su relación amorosa, pero que pensaba volver - MÁS QUE UN TERMINO ES UNA MANERA DE DARLE UNA LECCIÓN, ¡¡PA’ Q APRENDA!! - fueron sus palabras, entendí en parte lo que me quiso decir; y seguimos caminando en búsqueda de un lugar donde podríamos tomar buenas fotos. Al encontrarlo, nos sentamos y mientras fotografiábamos sonó el celular de “él” (era su ex a la que llamaremos “Chu...”). Al finalizar la corta llamada lo notamos un poco extraño, más que todo preocupado porque “Chu…” le había pedido verse a las 7pm. Al escuchar esto me sorprendí y le dije - ¿NO CREO QUE VAYAS, NO? - Y me respondió que no. pero en un tono no muy convincente. Fue allí donde mi otro amigo nos ofreció ir a un tonazo (se equivocó, pues no era tono) en un distrito poco alejado, y después de escucharlo, decidimos ir. Rato más tarde suena de nuevo el mismo celular pero esta vez era una amiga de “Chu…” y tan solo quería verificar si “él” estaba con sus amigos (cosa que me parecio TERRIBLE). Rato más tarde, los tres quedamos en encontrarnos en el mismo “cruce de sucre” a las 10:00pm; fuimos a tomar el carro de regreso a nuestras casas, cuando en el camino ofrecí a “él” acompañarme a mi casa para que no fuera hasta la suya, y aceptó.

Ya en mi casa entró a mi laptop, y apenas me fui a comer entró a su messenger (como si ocultara algo) pero bueno lo dejé normal. Al terminar de alistarme le dije que ya eran casi las 10:00pm y que vayamos yendo al encuentro de nuestro otro amigo; antes de salir me pidió prestado el baño y justo cuando entraba sonó nuevamente su celular. Entró al baño y no salió en aproximadamente 20 minutos. ¿La razón? Pues hablaba con “Chu…” dentro del baño para que nadie lo escuchara. Salimos a tomar el taxi y en el camino me comento que “Chu…” le había dicho q era anticuado y que no sabía bailar - HOY LE DEMOSTRARE LO CONTRARIO, BAILARÉ, TOMARÉ PARA QUE DESPUÉS NO HABLE TONTERÍAS, AHORA VA A VER JAJAJA - dijo “él”. ¿La verdad? No le creía nadita, pues nunca lo hace, yme comentó que “Chu…” también nos daría el encuentro en “algún cruce de sucre” (ella vive relativamente lejos) pues solo quería un préstamo de dinero (gran mentira a mi parecer porque “él” no tenía mucho dinero en el bolsillo y nunca se aproximó al banco … solo era una excusa para no quedar mal) que la atendía y la embarcaba en 15 minutos a lo mucho - ESO ESPERO, PORQUE SI NO SERÍA EL COLMO CONTIGO, ANDAS DE PISADO NADA MÁS - fueron mis palabras y me dijo q no sabía nada y que no era pisado por ningún lado y que tenía todo bajo control. Al llegar al punto de encuentro bajamos del taxi y nuestro otro amigo nos saludó nuevamente, al verlo le conté que “Chu…” estaba en la misma avenida, pero al frente y él, al igual que yo cuando escuché esto, quedó muy sorprendido y en parte decepcionado de “él”, pero confiado en que nos acompañaría a la reunión tal como había prometido en Miraflores, le dijo que tenía hasta cerca de las 10:45pm (eran casi 10:15pm) si quería, cosa que llegábamos cerca de las 12:00m a la reu - SOBRADAZO - dijo “él”; cruzamos los tres, “él” fue al encuentro de “Chu…” y mi otro amigo y yo nos quedamos cerca de ellos mirando la INCÓMODA y DOMINANTE cara de “Chu…”. Cerca de las 10:45pm llamó aquel compañero que no nos pudo acompañar a Miraflores y después de contarle los planes que teníamos para la noche me dijo que en 10 minutos estaba en “algún cruce de Sucre”; y así fue. Cuando llegó el cuarto amigo (éramos los tres que fuimos Miraflores más este que se nos unió) “el” seguía parado sin moverse, hablando (o más bien discutiendo diría yo) con “Chu..” en plena avenida.

Hartos de esperar nos acercamos a la “pareja dispareja” y le dijimos a “él” que ya nos teníamos que ir - OK YA TERMINO - nos dijo; comprendiendo su falta de carácter, nos alejamos nuevamente y decidimos esperarlos en el poste más cercano; dieron las 11:20pm y él solo había cruzado como para embarcar a “Chu…” pero dejaban que los carros pasaran uno tras otro y “él” ni por educación o consideración nos miraba para tranquilizarnos. Cerca de las 11:45pm mis amigos estaban con ganas de irse y dejarlo conversando ya que sus “15 minutos” se convirtieron fresca y desconsideradamente en una hora y media. Nuestras caras cambiaron y yo estaba reventando por la ridiculez de “Chu…” de ser tan imprudente de malograr un momento con sus patas y con “él” obviamente por ser asquerosamente ¡¡PISADO!! y dársela del que manda en su relación, cuando a leguas se nota que no es así. Al ver la hora tan avanzada decidí acercarme por última vez a “él” y decirle que o se despide o se queda… después de mirarme con cara de desconcierto - PUXA OE, ESTE MEJOR ME QUEDO - fue su respuesta; honestamente me sobraban ganas de agarrarlo a puñetes pero me controlé solo porque estábamos en la vía pública; - ¡¡OTRO DÍA AVISA PUES… PISADAZO!! - fue la última frase que le dije. Me acerqué donde me esperaban mis dos amigos (porque a “Él” no creo que se le pueda llamar amigo después de su desconsideración) y al contarle la respuesta que me dio “él” y no podían creerlo, se sorprendieron enormemente y los tres con ganas de matarlo decidimos tomar un taxi e ir a relajarnos a la reunión.

¿Qué pasó con él?, al día siguiente hablando con un buen brother de su universidad me contó que minutos antes de la medianoche “él” lo había llamado para contarle que había terminado definitivamente con “Chu…” y que tenía ganas de tomar y bailar, pero el brother de su universidad lo canceló; que lástima, “Chu…” solo quería arruinarle la noche, pues al ver que nos fuimos en el taxi, ella también decidió ir a la casa de su amiga y divertirse dejando así a ese ser sin orgullo ni dignidad al que llamamos “él” completamente SOLO y sin planes … es la historia de un PISADO y de ZAPATOS QUE PESAN.

Escrito por: M. T.
P.D. Bastante tiempo que no se publicaba pero la intención de M.T. lo amerita y así será en adelante.

9/10/09

Llegamos a un acuerdo común

Faltando dos días para que sean un par los meses que no escribo, debí sentirme bastante confuso y atascado en un hoyo del cual quise salir.

Pero no era una chica cualquiera quien estuvo cerca de mí en estos meses que pasaron. Era a quien yo amé con todo mi ser. Erás tú, D. La niña de mis ojos. ¡Te adoraba chata! Quisiera pedirle explicaciones a mis sentimientos, pero no me los da. Por más que insisto repreguntándome, las respuestas nunca llegan. Solo mi razón me indica que no puedo quererte como antes, como quieres. Ahora imagino que no debes creerme nada. Ni lo que como. Es que, me lo gané. Debes sentirse totalmente decepcionada, al igual que yo de ti. Pero la diferencia es que yo actué para lograr que sientas odio. Era necesario que te alejes. Tú sabes que no soy para ti.

Hoy hubieramos cumplido un mes. Un mes de recobrar todo ese tiempo perdido. Todo ese tiempo que yo adoraba regresar contigo. Pero no. Nunca quisiste. Me pintaste con colores que no existen y, nunca te reclamé nada. Hiciste sentir que ese amor que sentía por ti, no te lo merecías. Que era solo un juego donde gana el más fuerte.

Y si amor sentiste por mi, nunca hubiéramos terminado. Nunca. Ni hubieras pensado armar una relación con alguien. Ni de curiosidad. Porque amar es guardarse para alguien.

Te conosco más de cuatro años. Por qué permitiste tanta huevada. Que ensucien lo que andabamos haciendo. Solo cuestiónate. No te reprocho. Siempre te hice ver cada cosa, que hoy te diste cuenta, pero para mi es tarde.

Tanto imbécil que te hace creer ser tu amigo. Y cuando tarde reaccionas por todo el tiempo en escucharlo, sólo ganaste pasos de alejamientos hacia mi. Cúantos pasos ganaste. Te alejaste kilómetros. Tantos que nunca pudiste alcanzarme por más que intentaste.

De algo que no olvidaré de ti, es tu arrepentimiento. Por eso no dudé en pedir que volviéramos. Amé todo ese tiempo que andé contigo. Me encanta andar contigo. Eres más que mi mitad. Y de tu valor para vencer ese orgullo que quise derrocar. Aprendí a cuestionarme más. De lo cruel que fui. De lo tan humano que soy. Que fuiste más que una idiota por confundirte tanto, que esa inestabilidad te hizo perderme. Pero que sin eso, no hubieras recobrado vida a tu corazón. Porque tu corazón latía a mil cuando me veías.

Y si ahora no cruzamos miradas, pasos ni palabras es porque no existe nada. Hicimos que todo desaparezca. Y a mí me duele el alma. Hoy estuve pensando tanto en ti. En lo cobarde que eres. En lo idiota que soy. Porque a pesar de todo es sentimiento único que no sentiremos por nadie, no luchamos por continuar, porque lo mejor estaba por venir.

Nueve, del nueve del nueve. Cómo no recordar. Como también la primera vez que te besé. La primera vez cuando fuiste mía. Cuando te dije para ser más que enamorados.

11/8/09

Tiempo de vernos (II)

Pensé llegar a café “La Máquina” en Alcanfores pero nos perdimos. Ya había ido varias veces allí por diferentes rutas, pero esta vez no supe como llegar. Le hice caminar demás. En cada esquina me preguntaba, con esa voz cándida que tanto me gusta, si estábamos cerca. Sí lo estábamos pero el enredo de calles y joyerías me atarantaron. Si que fue un pequeño tropiezo. La angustia.

Sin modo de encontrar aquel local, me propuso buscar algún café del Kennedy. Llegamos a uno donde las mesitas están cerca a la vereda, con toldo y lámpara de vela en cada tablerito. Un lugar de poca iluminación y tranquilo.

Para mi un café, y ella un jugo helado. Prendo un cigarro y la miro. Me sonríe. Hermosa como la luna. Vital verla. Imprescindible quererla. Me encantó desde la primera vez que nos vimos. Y ahora, estaba otra vez conmigo de manera diferente como una amiga y, no como la chica a quien abrazaba al caminar, a quien besaba con fervor.

Tomaba su juguito risueñamente. Jugaba con la cañita. Yo prendía un cigarro más. Aun no hablábamos de nosotros. Solo de estudios, música, planes y bla bla bla… La miraba fijamente. Mis ojos le decían que la extrañaba. Se ponía rojita. Tiernamente nerviosa. Y le pregunté lo que me dijo, eso de “es raro verte”.

Cogió la envoltura de la cañita. Jugaba con él. Miraba como jugaba. Aún más nerviosita. Y me dijo: “es que te veo como… como el chico con quien salía y por eso me es raro verte. Así. Ahora”. Además agregó que todo había sido muy rápido. Intenso. No pensó hacer todo lo hecho conmigo.

Entendí su lenguaje. Sus palabras. No le dije que aun me importaba. Que había pensado mucho en ella. Que estoy feliz por haberla conocido. Que aunque la primera vez que nos vimos no cruzamos palabras, habíamos dejado estigmas de que nos necesitábamos. Que ese segundo encuentro en Onuba fue porque destinábamos a reencontrarnos lo más pronto posible. Que nunca estuve tan nervioso de besar a una chica. Que sus besos son lo más ricos del mundo. Que daría todo de mi por ella. Que la quiero mucho.

Salimos del café. Prendimos esta vez un cigarro cada uno. Ella quería unos alfajores. Probé un par. Caminamos un poco. Nos sentamos cerca donde señores jugaban ajedrez. Pusimos un poco de música de mi celular. El frío era intenso. Me pidió caminar. Compré más cigarros. Le había dicho que fume solo uno. Fumó cinco. Luego, la acompañé a Larcomar. Su amiga la esperaba.

Yo espero verte otra vez.

3/8/09

Tiempo de vernos (I)

No sabía que aun dormía. Escuché su voz tenue, de recién despertarse. Sin querer interrumpí sus sueños siendo casi mediodía. Sentí nervios cuando contestó el celular. Más un poco de culpa cuando me dijo que la había despertado. Pedí disculpas del caso. Ella, como siempre tan dulce, con esa voz frágil y enigmática dijo que no era nada. Sentí menos culpabilidad. A nadie le agradaría que le quiten el sueño.

Tenía que recoger una constancia en la universidad ese día en la tarde y luego, pensé visitar a “A”. Eran exactamente dos meses que no sabíamos nada de nosotros. Aunque nos habíamos cruzado un par de veces. Algo rápido. Cuando fui a su casa para tomar con su primo, y la otra dejarle el disco de Gaia que me había prestado.

Le hice saber que en la tarde estaría en la facultad, cerca de su casa, y que podía verla después. Se quedó callada. Yo también. ¿Qué le podía decir ante su silencio? El sigilo aumentaba. Pensaba en lo torpe que había sido por la forma de habérselo dicho. Aún no decía nada. Calculé cerca de 10 segundos. Demasiado. Asfixiaban. Excesivos para una respuesta de dos alternativas. Si o no. Y dijo: “es raro verte”.

Esas tres palabras me dejaron atónito. ¿Qué significarían esas palabras para ella? ¿Qué me querría decir con eso? Pensé en quizás una nueva forma leve de decir; no te quiero ver. Un “no” más suavecito. Sin tanto dolor. Con menos roche. Menos arroz. Después de esas palabras, intercambiamos unas cuántas más sin sentido y que no recuerdo. Un “me llamas luego” fue lo último. Colgué.

Cerca de las cinco, en Surquillo, marqué nuevamente su número. Me dijo que estaba lista, que podía ir por ella.

A pasos de su casa, empecé a timbrar su celular. Modo que habíamos acostumbrado desde nuestras primeras salidas. Y llegó desde la derecha, de rojo. Venía de la tiendita del lado. Se acercó. Me saludó. Me miró como siempre. Como la primera vez. De la misma forma cuando me dijo que le gustaba. La manera más sencilla para cautivarme. Me pidió unos minutos. Tiempo para entrar a su casa, ponerse una chaqueta más abrigadora.
En camino a Miraflores, sentí la sensación de ese “dar un tiempo” que a veces se piden las parejitas para poner en orden sus sentimientos. Ella no me lo había pedido – me dio a entender lo que quería para nosotros – pero conscientemente por ambas partes nos los habíamos dado. A mi parecer, en 60 días sin haber hecho nada por los dos y cada uno por su lado, ese “tiempo” había servido para darme cuenta si fue una mera ilusión empezar una relación que duró poco más de un mes y que quedaba ahí o es con ella con quien quiero andar agarrados de las manos. Dándole mi calor. Protegiéndola. Ir hacia la luz. Al infinito. Andar descalzo.

24/7/09

¿Subo a la combi para ir?

Estoy complicándome de algo que para ustedes puede ser más que sencillo. Hoy es cumpleaños de “D”, mi ex. A quien he dedicado varias líneas en algunos post anteriores. Hace 15 minutos que acabo de mandarle un mensaje de texto saludándola. Sí, un simple mensaje de texto. ¿Llamarla?, no lo sé. Ayer lo hice cuando se encontraba haciendo compras en Miraflores. Lo hice porque despiadadamente - sin avisar - me vino la melancolía y sentí que la extrañaba más que nunca. Y es lo que trato de responderme, el por qué sentí esa gran nostalgia.

Habiendo aclarado todo hace unos días, el decir “no” me hizo sentir el peso de la culpabilidad, y a la vez, de la sinceridad. Por otro lado, la decisión fue para no hacer más daño a futuro fomentando - paradójicamente - ilusiones. Siendo ella una mujer especial, con quien haría y daría todo, cuando se toma una decisión debería (debe) ser irrevocable. No fue fácil decidir. Nada.

Hace casi un mes que fue mi cumpleaños. Para esas fechas le había dado vagas ideas de que no me sentía decidido para regresar con ella. Pero, sí sabía que di a entender mi negación para volver. El mes pasado, sorpresivamente llegó a mi casa con un regalo y, se quedó celebrando mi onomástico hasta el día siguiente. Esa noche sin ella no hubiera sido la misma.

Ahora (parece) me toca hacerlo. Aún es temprano, y no sé quehacer. Ir o quedarme aquí sentado frente a la PC complicándome taradamente. No quisiera arruinar este día. Tú día.

¿Qué debe hacer un ex para un día como hoy? ¿Me complico, no?

19/7/09

Había pasado toda la tarde con “D”. Ella me propuso - en pocas palabras a través de su llamada – una cita y sin opción de rechazo. Nuestra relación había terminado hace muchos meses. Durante todo el tiempo vínculo post enamorados, habíamos tenido una ligadura de vaivenes. Llenos de acercamientos y alejamientos. Nunca dejamos de querernos. Seducirnos. Buscarnos. Nos distanciábamos por subterfugios que quedan en cada uno. Siempre ocurría algo en D, sus temores de regresar y equivocarnos en lo mismo por más que lo intenté. Pasado todo ese tiempo de miedos por su parte – pues le tomó muchos (demasiados) meses; en este periodo, es ahora ella quién está más decidida que nunca en regresar, y yo, disipado en mi atrevimiento hermético contradictorio. Tomar otro camino.

Es tan difícil de explicar cómo, cuándo y por qué cambian los sentimientos hacia la persona a quién querías con todo tu ser. Cuando dejas de sentir lo mismo. Cuando el afecto no es el de antes, aun cuando sabes que la amas pero no de la misma forma. Cuando te gusta pero no igual, como cuando te traía loco. Quizás sea el tiempo, pero hay otro motivo más el cuál no sé aun. Sería mentirme que cuando aun la veo, mi cuerpo y corazón me reclaman por ella. Pero la razón se apodera de uno. Cuando se empieza a pensar en otra persona. En “A”.

Tengo un sentimiento especial a “A”. Quien conocí poco menos de tres meses. Que me aprisionó desde la primera vez que la vi. El impacto fue tanto que no dudo estar embelesado por ella. Tuvimos una corta relación, esas quien todos llaman salidas, con agarres y algunos fragmentos más. Fue un mes intenso, rápido como me dijo ella. Las intenciones fueron de ambas partes, lo habíamos tomado como lapso de conocernos. Nos cautivábamos profusamente. Pero, faltó algo. Algo que ella ni yo hemos tratado de declarar. Sentados, cerca de su casa, más que decisión suya que mía optamos por dejar de dar pasos hacia delante.

“A” intervino en un momento que nunca esperé. En tiempos que un antiguo amor (“D”) había declinado la pasión que sentía por ella. La ilusión por mantener intacta la burbuja perenne del mutuo amor. Apareció para narcotizarme con su existencia.

Aún, desde ese día disyuntivo, hemos respetado e ir cada uno con lo suyo. A veces pienso en ella pero tampoco trato de corroerme. No ha dejado de gustarme. Aun no he tratado de hacer algo.

Ya poco más de las ocho y de comer algo breve con “D”, me fui a casa. Acostumbrado a no hacer planes para un fin de semana, pensé que me quedaría viendo algún programa. Eran cerca de las nueve y suena mi móvil. Era José Carlos (El Pitbull).
- Háblame…
- Oe, estoy acá en mi jato con Daniel y Paul… bajamos a tu jato en un toque.
Antes de que le diga cómo es la nota, colgó.

Llegaron cuando aun estaba bañándome. No les hice esperar más de la cuenta. Me puse una camisa - que parece que fuera la misma porque la mayoría son negras – y, salí a la sala donde estaban esperándome.

Les dije que Luis (Fumón) tenía un tonazo en Los Olivos. Que podíamos ir y que ese era el point. Que unas amigas que trabajaban con él, en Monterrico, también irían. Que a pesar de que era lejos, valía la pena. Lo pensaron. Salimos de mi casa.

Camino a casa de Luis, Pitbull suelta un chiste:
- Había un cojito que se fue a un zoológico pe… y que de pronto, se escapa un león de su jaula. Entonces la gente empezó a correr… La gente taba que corría pa todos lados. Y el cojito taba que se quedaba atrás… Entonces una viejita a ver que el cojito se quedaba atrás, empezó a gritar: ¡el cojoo!, ¡el cojooo! Entonces el cojo dice: ¡calla vieja de mierda y deja que el león escoja!
Nos cagamos de risa.

Luis salió de su casa con gorra, casaca adidas y zapatillas negras nike – precisas para una tarde de pichanguita. Le contamos acerca de los planes que habíamos estado pensando. Que podíamos ir a un bar – ya que éramos solo hombres – para emborracharnos, ir a Miraflores y caer en alguna discoteca – sobretodo Producto Peruano por la barra libre -, o por último; ir a cualquier discoteca de la av. De la Marina ya que estábamos a 10 minutos del lugar. Y decidieron por la última opción desterrando todas las demás, incluso cancelando a las chicas que nos esperarían en Los Olivos.

Yo no quería ir a esas discos de San Miguel. No me gustan. Pequeños y sin gracia. Pero estaba con mis brothers, y con ellos para todos lados. El taxi nos cobró cinco lucas y bajamos frente al Tequila Rock.

El experimentado Pitbull – acostumbrado a bajar a esos lares – empezó a pulsear. De aquí para allá. Que en esa (disco) no hay buenas flacas. Que ahí la vez pasada se quedó hasta las seis. Que ahí el dueño lo conoce y que podemos entrar gratis. Que ahí la jarra está dos por 30. Hasta que decidieron por Lukumbé.

Dentro de la disco me sentí perdido. Como siempre suelo quedarme cada vez que entro a una. Más que tonear, me dedico a observar. Chicas solas por ahí esperando que un muchacho le invite un trago. Chicos (buitres) echándole vista a su presa. Formas de zapatear. Ridículos pasos en la pista que suele hacer el cuerpo. Chicas que vienen de a cinco para tomar y bailar entre ellas. Posturas que adoptan la gente por efecto de las luces y el alcohol. Actuaciones que la mayoría hace. Me sirvo un vaso de chela a la mitad del vaso, salud.

Daniel y El Pitbull ya estaban bailando con dos féminas que conocieron en un 2 x 3. Les hacían reír como si fuera algo tan sencillo. Una vueltita. Otra más. Te susurro al oído. Te saco tu fono. Siéntete en confianza. Nos conocemos desde hace mucho. Trato de robarte un beso. Así son ellos.

- Vámonos muchachos que me cagó de sueño. He hecho dos turnos y ya me jalo, quiero jatear; dice Luis.
- Ah ya ps… pero primero una bajada porque me cago de hambre; interviene Daniel.
- Ya fue entonces, otro día será (como si me hubiera gustado estar en esa disco), digo.

Caminamos hasta Sucre. Creo que la garganta se nos había secado de tanto conversar durante el camino y reírnos de las pavadas que hablábamos. Quedamos en comprar unas latas antes de llegar a Bolívar.

En la tienda pedimos tres six pack. Como era el único que fumaba, compre cigarrillos. A dos cuadras nos esperaba tres sangucherías. Optamos por entrar a “de Mamey!”. Como Luis se había pedido una hamburguesa, pedimos dos salchipapas grandes para picar entre los cuatro.

Era una competencia. Todos enfocados a acabarse primero el hot dog. Que tráete el ají o fíjate la cartilla haber si nos pedimos otra cosa – todo para aprovechar y comer más -. Hasta que todo la gracia se nos fue. Encontramos una cucaracha al fondo del plato descartable y pegada a una papa frita.

- ¡Asu brother que fea nota! – Luis.
- ¡Aaala mierda que asco! – Yo.
- ¡Voltéate que buitreo en tu cara! – Paul.
- ¡Ahora ahitá pe, a quién se le ocurrió pa comer salchipapa! – Pitbull.
- ¡Ahorita llamo a la policía! – Daniel.

Pero, lo más desconcertante de la noche, fue que sin ascos Daniel le metió tenedor a una papa que estaba al costado de la cucaracha y se lo metió a la boca. Se nos fue lo picados que estábamos. Reclamamos sin hacer nada de chacota. Nos devolvieron el dinero. Sabíamos que las latas nos quedarían cortas. Ya pensaba en el ron…


(1) Luces

(2) De izq. a der. Karen, Carito, “Daniel”, Darwin, “Pitbull”, “Paul”, “Fumón” y Jason.

(3) Luis tragando en Sucre

(4) Tono "Fin de Ciclo USIL". Aura - Julio 2009.

(5) Salchipapón

(6) Salchipapón con sorpresa.

(7) Cheleando.

13/5/09

Zij alleen

Tenerte es mi delirio,
tocarte, sentirte cerca,
mi muerte.

Dejo que me acaricies,
con tu mirada cerca a la mía,
sintiendo tu respiración

en mi rostro,
tu boca rozando cerca al mío,
jugando a quién es el más fuerte,

quien besa primero;
pierdes, a veces yo.


Andar descalzo
es contigo,
sin mirar atrás,
dejar que todo fluya,
solamente
tú y yo.

26/4/09

!Como debe ser!

Estuve pensando en toda la inocencia que uno pierde cuando deja la niñez. Ese ángel que uno lleva dentro. La aureola que llevamos encima de nuestras cabecitas y que perdemos de a poco.

No sólo, por paso de los años, se pierde la cándida inocencia. También todo sentido de pudor. Claro, en un momento se piensa: ¡nunca haría eso!, ¡ni loco(a)!, ¡jamás de los jamases!, ¡ahí no!; y/o por último una irrefutable expresión de seguridad, ¡nicagando!

Ahora, es ver para creer. Indudablemente lo que se pensaba o sentía antes es cosa del pasado. Es obvio que no divulgaré nombres, así que, amigos (involucrados); pueden leer estas líneas con toda tranquilidad y sentirse identificados (algunos).

Ser "inocentón" pasando los 15, es probable ser el “pavo”, “ganso”, “monja”, “losser” o “monce” entre tus compañeros del colegio. No saber nada de la vida, es cuestión de no tener calle. No haber visto mínimo un par de películas triple x de la grandiosa Selene – básico – es no saber para que más se usa el pipilí. Mantener tu sexo 0 kilómetros es que no estás a la moda. Pero la virginidad, si es un caso aparte que se respeta a cada uno. Aunque es difícil encontrar a alguien que no lo haya hecho.

No tener lugar dónde tener intimidad es razón de varios motivos. Quizás están tan apuraditos con el “encontrón” que, sea donde sea, no importará. Puede ser que aunque se haga chanchita de a dos, no alcance ni para el anhelado hostal de 10 lucas de la av. 28 de Julio. Porque justo se pusieron calentones en el parque y ya no quedaba de otra que bajarse los pantalones y hacerlo de pie al lado del decente arbolito.

Pero eso sí, nadie le quitará esa extrema adrenalina que se siente cuando nada está planificado. Pensar que alguien puede venir y “ampayarlos” es tan excitante que cualquiera lo podría afirmar.

Como lo contó P, “… y me deje llevar, y lo hicimos en el baño de hombres del gimnasio al cual va, fue demasiado rico”; pedir prestado algún lugar de la casa de algún primo sea la hora que sea, en la cama de los padres o algún familiar de ella – qué falta de respeto –, sentaditos en las escaleras del edificio departamental familiar donde cualquiera puede salir, compartir a una misma chica en una noche salvaje y desenfrenada – ¡ojalá se hayan protegido R y C! -, cuando entras al dormitorio de ella a las tres de la mañana y para que la cama no haga ruido se decide hacerlo en el suelo echados encima de una frazada – lo recuerdo -, en el pasaje de la calle entrante donde hay poca luz, ¿o no L? – ¡más arrecho eres! -;en la cocina cuando le propusiste cocinarle con tu enamorada a tu suegra mientras ella hacía la limpieza – eso no se le echa a la sopa M -, y en la playa en pleno luz del día tapados con la toalla quiksilver - ¡te pasaste de pendejo G! -.

17/4/09

Matías

Parado con cuaderno en mano y apretadito en la combi que avanzaba por Javier Prado y a duras penas sosteniéndome, mandé un mensaje de texto a Matías para confirmarle que podía ir a mi casa a las 8:30 p.m.

Y llegó 15 minutos antes de lo acordado. Justo en un momento que devoraba un plato de arroz con pollo. No había almorzado – un hamburguesa, no es digno de llamarse almuerzo- como debía ser por lo apresurado que estuve con mi grupo por hacer un focus group después de clases – improvisado, sea de paso – y moría de hambre. Suena el timbre de mi casa y salgo a ver quién maldito es quien había interrumpido mi “almuerzo-cena”.

Era Matías. Renegué cuando lo escuché decir que saliera de mi casa tal como estaba. Nicagando, - ¡no jodas! – recuerdo haberle dicho. Estaba en media comilona y en fachas. Le hice esperar cerca de 20 minutos – en terminar de comer, asearme y vestirme – y salimos de mi casa.

El camino sería, de mi casa al Británico de Bolívar. Unas 12 cuadras por caminar. Durante la senda no paraba de hablar. De contarme lo mal que se sentía. De las casi dos semanas sin ver a su pareja porque ella se había enojado y no quería verlo. De no saber qué es lo que había entre ellos. De lo indiferente que se mostraba ella.

Me recordó lo que alguna vez sentí. Lo que mínimo alguna vez todos hemos sentido. La maldita incertidumbre de no saber nada de tu pareja y que te sofoca minuto tras minuto. Que ahorca y quita aire. La indiferencia que mata. Que desespera y te hace sobreactuar.

Para esto, él me buscó. Para que lo aconsejara. Para que le diga, de qué manera actuaría si fuera mi caso. Sé que no soy bueno dando consejos, pues experimentado no soy. Pero cada vez que se me ocurre meter mi cucharita cuando se trata de conflictos amorosos, siempre quien me escucha lo hace atentamente. Me da la razón, y si discrepa conmigo, lo hace tajantemente.

Llegamos al Británico y nos detuvimos a pocos pasos de la puerta principal. Ella saldría poco más de las nueve.

Ante la espera, sus ojos estaban rojos. Su rostro lleno de nerviosismo. Exactamente, cara de huevón. Fachada que ponemos los que malditamente se enamoran con el corazón y no con la razón. Quienes son emotivos. De sentimientos (como se dice).

Le metí un floro corto y solemne. Para la ocasión. Digno de un estudiante de comunicaciones. Atreviéndome a darle unos tips como si supiera de las reacciones de su pareja. Que todo estaba en la mente ¡Anda con fuerza! ¡Con fuerza!

Y ella salió con un grupo de a seis. Se despidió de todos y se nos acercó. Me la presentó. Se me ocurrió entablarle una pequeña conversa y hacerle sonreir. Nos reimos los tres brevemente. Era el momento de dejarlos. Sobraba. Me fui.

Dos horas más tarde me llegó un texto al celular: Gracias x todo… t debo una grande

Y es que, los amigos estamos para todo.

8/4/09

Equilibrio

Regresaste en un momento de mi vida en el que puedo retroceder para saltar más lejos. Tengo pocos segundos para pensar. Y respirar. Recuerdo tu silueta antes de descansar. Ahora, cuando soy pasajero de mis pasos.

Se me ocurre que debe llover. Ir. Darte mi abrigo. Abrazarte. Sólo abrazarte, con mis brazos largos y delgados.

Dices que soy el mismo. De quien te enamoraste. Vuelves a decirme “ojitos rasgados”. Me pongo rojo. Tantos recuerdos. Sólo nuestros.

Hablaste poco. Me miraste demasiado. Lo suficiente, para no volvernos.

Hacer todo en sentido contrario. Retar la gravedad. Forzar las leyes. A oscuras y de espaldas caminar. Cogernos de las manos sin tocarnos. Sentir que nunca nos dejamos.

De cerca otra vez. Tan cerca. Entre tú está lo que sentí. Los secretos de tu cuerpo. El desafío que me dejas.

Las dudas. Miradas. Creer. Son tus manos ahora, tu alma, es dejarlo todo por ti. Nunca lo pensé.

Por qué ahora apareces. Por qué. Ahora que improvisaba un mismo camino con ella. Cuando daba pasos junto con alguien que también sabe de mi. A quien me di por mucho tiempo. Con quien he dejado algo pendiente. Y que se desvanece de a poco. Porque está soltándome. Y empiezo otra vez a andar descalzo.

Sólo. Con la puerta abierta. Estaré en mi habitación con la luz apagada.

***************************************************************

Para ti. Con quien compartí parte de mi. Quien recordó mis sueños porque me los dibujó echados mirando el cielo. Porque me alegré estar en tu terraza después de mucho. Porque dejé mi libro en tu casa y no pienso recogerlo. También porque hiciste pasar las horas como si fueran minutos, se hizo tarde y no fui a clase. Porque empezaste a leer este pequeño blog no por obligación. Sino por curiosidad.